Basta con atender a las declaraciones del ministro de Exteriores de Omán, en su calidad de mediador, insistiendo tan solo unas horas antes del inicio de los ataques en que el acuerdo estaba prácticamente listo, una vez que Irán había aceptado incluso la renuncia a enriquecer uranio, para comprender que estábamos ante una simple tomadura de pelo por parte de quienes sueñan con poder redibujar el mapa regional a su gusto. Es, asimismo, un desprecio al derecho internacional porque, por muy corrupto, ineficiente y represor que sea un régimen como el iraní, en este planeta y desde la II Guerra Mundial la fuerza solo puede ser utilizada en caso de legítima defensa o cuando hay un mandato explícito del Consejo de Seguridad de la ONU para neutralizar lo que solo ese órgano puede calificar como una amenaza a la paz. Con esa intención, y conscientes de su inferioridad de medios, ha buscado dotarse de elementos de respuesta para disuadir a sus enemigos de que se atrevieran a tomar las armas para derribarlo, entre los que destacan el programa nuclear y los peones regionales distribuidos en la región (Hizbulá, Hamás, Ansar Allah y varias milicias activas en Siria e Irak).
Author: Jesús A. Núñez
Published at: 2026-03-01 21:23:08
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