Pero el arma de destrucción masiva de Irán, a la vista, a diferencia de las llamadas “ciudades de misiles” enterradas bajo tierra o en pequeñas islas del Golfo, como Qeshm, fue el control del estrecho de Ormuz, desde donde se cubre el 20% de la demanda mundial de petróleo y gas y el 30% de la de fertilizantes, vitales para la producción agrícola, sobre todo de Asia, entre otros productos sensibles, entre los que se cuenta también el helio, gas vital que procede principalmente de Qatar para la fabricación de chips utilizados en inteligencia artificial (IA). Pero si se mide por la resistencia de Irán y su capacidad de destrucción en los países del golfo Pérsico -ya no es una guerra de Irán sino una guerra del golfo Pérsíco- y de dañar a la maquinaria bélica americana y a Israel, Trump y Netanyahu han fracasado. Trump puede, en su búsqueda de una salida de una guerra cuyos objetivos -el cambio de Gobierno o de sistema en Irán- no puede alcanzar, por un lado, y cuyos efectos sobre el mercado mundial del petróleo -la elevación de los precios internacionales- se pueden prolongar durante muchos meses -lo que desencadenaría a su vez una posible recesión- lanzar alguna operación final, antes de formalizar su retirada “triunfal” (ya ha dicho que los objetivos han sido logrados con creces).
Author: Ernesto Ekaizer
Published at: 2026-04-01 20:22:08
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