El mismo que dijo que terminaría la guerra de Ucrania en 24 horas, el que asegura tener dudas sobre quién empezó dicha guerra y el que parece creer las palabras de Vladímir Putin cuando repite lo de que “Rusia desea lo mejor a Ucrania”, como si lo que hace cada día no mostrase lo contrario sobre un país que no existe para él. Esa convicción, más la meliflua actitud estadounidense con Putin, es lo que explica que Moscú no se vea obligado a rebajar en algún punto sus exigencias, resumidas en la renuncia de Ucrania a buena parte de su territorio (actualmente ya controla el 22% del total del país y aspira a hacerse como mínimo con la parte de la región de Donetsk que todavía está en manos ucranianas), a integrarse en la OTAN y a reducir sustancialmente el volumen de sus efectivos militares. Una lista de demandas a las que, al hilo de cada nuevo contacto entre Kiev y Washington, se añaden otras más circunstanciales como el control de la central nuclear de Zaporiyia, la negativa a admitir el despliegue de tropas de la Alianza Atlántica en suelo ucraniano o la celebración inmediata de elecciones para sustituir a Zelenski.
Author: Jesús A. Núñez
Published at: 2025-12-29 20:50:07
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