Si algo frena un nuevo ataque de Estados Unidos a Irán como el que realizó junto con Israel en junio pasado, en aquel momento particularmente contra las instalaciones nucleares de los ayatollahs, no es la dificultad para infligir daños profundos en la estructura militar de la república islámica, esta vez para “castigar” la sangrienta represión de las protestas opositoras de hace algunas semanas. La doctora Sahar Razavi, de la Universidad de California, hija de la diáspora iraní que se produjo luego de la revolución islámica de 1979, agregó que “se acercan las elecciones de mitad de mandato a fines de año, lo que podría cambiar la perspectiva de Trump de manera que le resulte beneficioso ser un presidente ‘en tiempos de guerra’”. Si bien bloquear el Estrecho de Ormuz sería un acto de asfixia autoinfligida para Irán, cuyos recursos económicos dependen de las exportaciones de petróleo que transitan por esa vía, Teherán también sabe que esa sería la opción más temida de su particular perinola de juegos de guerra, para amenazar al mundo con un “Todos pierden”.
Author: Rubén Guillemí
Published at: 2026-01-31 13:44:12
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