La tregua de cinco días anunciada por Donald Trump esta semana para intentar un final dialogado a la guerra de Irán está en medio de realidades contrapuestas: por un lado, el presidente de EE.UU. defendió este martes que los iraníes «están desesperados por ... llegar a un acuerdo» y que «han acordado que nunca tendrán un arma nuclear», la exigencia central de EE.UU.; pero, por otro, las fuerzas militares iraníes, pese a estar muy deterioradas tras tres semanas y media de guerra, siguen lanzando ataques contra Israel y países de la región aliados de EE.UU., sus líderes niegan la existencia de diálogo y se comprometen a «luchar hasta la victoria completa». El interés del presidente de EE.UU. es acabar con una guerra que es impopular, que ha abierto fracturas en su coalición electoral -y los republicanos se juegan sus mayorías en el Congreso en otoño-, que enfada a los votantes cuando van a la gasolinera y ven el galón de combustible a casi cuatro dólares (estaba por debajo de tres antes de la guerra). Incluso el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, habló por teléfono con el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, alentó la posibilidad del encuentro y escribió en redes sociales que su país «da la bienvenida y apoya plenamente los esfuerzos en curso para impulsar el diálogo y poner fin a la guerra en Oriente Próximo, en interés de la paz y la estabilidad en la región y más allá».
Author: (abc)
Published at: 2026-03-24 19:33:44
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