Teniendo en cuenta que los traductores rusos lo averiguaron enseguida, es obvio que Gromiko estaba ironizando con el pragmático halcón, tan capaz de parar los pies a Douglas MacArthur en Corea como de defender la guerra de Vietnam, que costó la vida de entre dos y tres millones de personas; pero, sea como sea, el mensaje estaba tan poco codificado como la respuesta soviética (una descripción de una puesta de sol en Moscú, según el Criptomuseo de los Países Bajos): era un pangrama, es decir, una frase que contiene todas las letras de un abecedario determinado y que, en el caso del zorro y el perro, se solía utilizar para practicar mecanografía o probar máquinas de escribir, teclados de ordenadores, tipografías y, en efecto, sistemas de comunicación entre superpotencias. En el imaginario de la mayoría de la gente, aquella “línea caliente” entre la URSS y EEUU era un teléfono; en parte, por esa maravilla cinematográfica llamada Dr. Strangelove que surgió del encuentro de Red Alert (Peter George) con el siempre genial y subversivo Stanley Kubrick y el no menos subversivo Terry Southern, de quien se acaba de reeditar su feroz Candy en castellano, de la que no hablaré porque me toca directamente. Antes de ser secretario de Estado, Dean Rusk estuvo en el Departamento de Guerra de los EEUU y, a pesar de la situación del Extremo Oriente en aquella época, descubrió que los únicos documentos que había en sus archivos sobre esa zona del mundo eran “un ejemplar” de una guía turística (la Murray’s Tourist Handbook), un informe de 1925 de un “agregado militar” británico y “un cajón de artículos” del New York Times.
Author: Jesús Gómez Gutiérrez
Published at: 2026-04-04 20:23:27
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