Carlos IV (el Cazador, el Consentido o el Cornudo), huye del país en abril de 1808 y el 5 de mayo abdica en Bayona (País Vasco francés), vendiendo a Francia el Reino de España a cambio de una renta vitalicia anual de 30 millones de reales, equivalentes a unos 100 millones de euros al año en la actualidad, que nunca llegó a cobrar. La frase de su libro que me llamó la atención tiene que ver con uno de los episodios más controvertidos de su reinado: su papel en el 23-F. Unos 200 miembros de la Guardia Civil asaltaron el Congreso de los Diputados al mando del Teniente Coronel Antonio Tejero, que irrumpió en el hemiciclo y obligó a los parlamentarios a tirarse al suelo al grito de: “¡Quieto todo el mundo!, ¡Al suelo!, ¡Al suelo todo el mundo!, ¡Se sienten, coño!”, seguido de una ráfaga de 37 disparos de su subfusil de asalto Star Z-48. Excepto el general Armada, que declaró que el rey no tuvo nada que ver en la organización del golpe, en las alegaciones de la defensa, los militares acusados argumentaron que habían participado “en la operación del 23 F en la firme convicción y plena seguridad de dar fiel cumplimiento a las consignas emanadas de S.M.
Author: Jorge Martín
Published at: 2026-01-07 18:44:31
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