El 24 de febrero de 2022, el presidente de la Federación Rusa, Vladímir Putin, dio la orden de invadir Ucrania, poniendo en marcha lo que se puede calificar -además de un crimen- como uno de los mayores errores estratégicos de la posguerra fría, que ha aislado a Rusia y la está arruinando, sobre todo en pérdidas humanas, aparte de envenenar - probablemente para siempre- las relaciones con un país al que teóricamente Moscú intentaba atraer. Fue quizá este último paso lo que provocó la decisión de Putin, como muchos analistas habían advertido previamente, pero también la incapacidad del presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, a pesar de sus promesas electorales, para resolver la guerra civil en el Donbass, que había causado ya más de 14.000 muertos, a lo que se añadía el resentimiento y deseo de revancha de Putin y su círculo político y militar más próximo, que cristalizó contra los dirigentes ucranianos que querían unirse a occidente y se mostraban hostiles hacia la población rusófona. Los estados mayores rusos evaluaron mal la capacidad de sus propias fuerzas, planificaron mal la operación y -sobre todo- infravaloraron la capacidad de resistencia ucraniana, apoyada rápidamente por occidente e impulsada a resistir, sobre todo por EEUU y Reino Unido con promesas de apoyo y victoria segura, más por interés de los que la apoyaban - debilitar a Rusia y a Europa- que por el del propio país, que en todo caso se defendió bravamente.
Author: José Enrique de Ayala
Published at: 2026-02-23 21:45:16
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