Es decir, la idea de que un error no solo es un estigma: es un dato, un aprendizaje, un recordatorio de que somos humanos, pero estamos en el camino. El punto es que, frente a lo que Byung-Chul llama la "sociedad del rendimiento" (frente a la autoexigencia que se vende como libertad, pero desemboca en autoexplotación), frente al giro espiritual de tu tecnobro de confianza, hay una dimensión aún más profunda: el derecho a ser y estar sin las cadenas que nos unen al sistema productivo. En un mundo que pide "rendimiento" y "utilidad" para tener valor personal, Agustín expone esa antiquísima tradición cristiana que dice que el valor ontológico de la persona no depende de nada; que incluso en lo peor del fracaso, valemos exactamente lo mismo.
Author: Javier Jiménez
Published at: 2026-02-22 16:00:51
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