No en mesas de conferencias con banderas y micrófonos, en estrechos bloqueados, en aranceles anunciados por madrugada desde una red social, en misiles que deciden qué vale el barril de petróleo esta semana, en llamadas telefónicas entre Washington y Moscú de las que Europa no forma parte. Y ahora nosotros, herederos de esa resurrección, asistimos a una paradoja que él no vivió: el modelo que Europa exportó a América durante dos siglos -la Ilustración, los derechos individuales, la idea de que la libertad necesita un contrato social para no devorarse a sí misma- está siendo desmontado precisamente por quien más lo adoptó. Y hay algo profundamente triste -y profundamente esperanzador al mismo tiempo- en que sea ahora, cuando el modelo que Europa exportó a América se quiebra desde dentro, cuando la alienación tecnológica y política convierte al ciudadano americano en un individuo solo frente a fuerzas que no controla ni comprende, cuando la democracia liberal más poderosa de la historia empieza a parecerse a todo lo que Europa aprendió a no ser, cuando el espejo se rompe, precisamente ahora, que Europa tenga la oportunidad de recordar quién es.
Author: Francisco Rodríguez Fernández
Published at: 2026-04-04 22:10:15
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