De ahí que, enfermo su entorno personal y político de corrupción y acorralado por la justicia, la única salida que ha encontrado el presidente Sánchez, una vez que se le complica la alternativa de amordazar a los jueces y a los periodistas, sea escapar disfrazado al más puro estilo Puigdemont. Como aquella noche en la que David Copperfield hizo desaparecer la estatua de La Libertad desplazando con suavidad la plataforma en la que se había situado el público, que entre tanto ruido fue incapaz de percibir el movimiento bajo sus butacas. Evidentemente el retorno de la ceja es solo un señuelo que solo entusiasma a los que ya son forofos y probablemente no funcionará porque son muchos más los que saben que Sánchez bombardearía el próximo lunes Andorra si creyera que eso le va a hacer ganar las elecciones.
Author: Iñaki Garay
Published at: 2026-03-04 23:41:38
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