Un jugador de ping-pong que cree que está destinado a grandes cosas en los EEUU de los 50, en un contexto histórico que todavía tiene las heridas abiertas (económicas y raciales) de la Segunda Guerra Mundial, pero donde términos como la meritocracia y el individualismo son potenciados y vistos como algo bueno. Acierta Josh Safdie en su retrato de un auténtico jeta, un buscavidas que engaña, roba y se mete en líos porque lo importante es la meta: llegar a ser el mejor jugador del mundo por encima de unos japoneses a los que EEUU ya ha humillado lanzándoles la bomba atómica y a los que ahora quiere continuar humillando en la pista de ping-pong. Igual que Marty Supreme es un reverso de Yakarta, podríamos decir que de alguna forma lo es también de la reciente The Brutalist —y, por tanto, una hermana cercana a El manantial de King Vidor, película que era un elogio al individualismo en EEUU—, la cinta de Brady Corbet sobre una víctima del Holocausto que escapa del nazismo para acabar devorado por el capitalismo.
Author: Javier Zurro
Published at: 2026-01-28 20:58:44
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