Y la pregunta no se refiere a que Murphy haya elegido ofrecer una versión edulcorada del romance y matrimonio del “príncipe sin corona” de los Estados Unidos y la ejecutiva de relaciones públicas de Calvin Klein, sino cuánto de aquel concepto de celebridad, de esa combinación todavía equilibrada entre el espectáculo y la política, y de ese retrato de la urbanidad, el sentido institucional de las personas públicas y el peso de un legado trágico sobre el apellido Kennedy queda anacrónico en un mundo como el nuestro. Pudiendo filmar la vida de los Kennedy como un circo sobre la fama y la tragedia, los escándalos y las maldiciones, decidió explorar la relación Kennedy-Bessette en el contrapunto entre la exposición pública y la intimidad, examinar el peso del legado y la herencia en clave introspectiva, y sobre todo pensar a esas personas que vivieron y murieron bajo el escrutinio mediático como seres de carne y hueso, honorables a veces, a menudo falibles. Y allí hay otra idea clave en la serie: el retrato de una época en la que mucho de lo que conocemos hoy estaba en ciernes, desde la espectacularización de la política -es interesante la conversación de John John con sus futuros inversores para el lanzamiento de la revista George, que entonces representaba una audacia y hoy sería una pacatería-, hasta la idea de una celebridad nueva, encarnada en la elección de Kate Moss como rostro de Calvin Klein -una idea de Carolyn que termina atribuida a otros-, en la preocupación por la corrección política -algo que hoy se ha convertido en un artilugio para las peores inmoralidades-, y en la presencia de los paparazis y sus clicks, algo que ha dejado lugar a la intromisión del celular y el ojo ciudadano en la vida de todos en todo momento (la pelea en Tompkins Square Park ocurrida en 1996 y capturada en vivo en la televisión anticipa lo que vendría).
Author: Paula Vázquez Prieto
Published at: 2026-02-14 19:49:44
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