En una guerra marcada por la escasez de infantería y la letalidad extrema de mantener posiciones avanzadas, Ucrania ha empezado a ensayar una solución que hasta hace poco pertenecía a la ciencia ficción militar: dejar el frente en manos de máquinas. El proceso, inicialmente de cuatro horas, se redujo a la mitad gracias a la compra de baterías adicionales pagadas por los propios soldados, un detalle que ilustra hasta qué punto la guerra ucraniana sigue dependiendo de iniciativas locales y financiación improvisada incluso cuando se habla de tecnología avanzada. Si se quiere también, el caso del Droid TW 12.7 no es solo una anécdota tecnológica, sino una señal de hacia dónde se dirige la guerra moderna en Ucrania: un campo de batalla donde cada metro puede defenderse con sensores, acero y algoritmos en lugar de carne y hueso, y donde el valor estratégico de un soldado empieza a medirse también por su capacidad para no estar físicamente allí.
Author: Miguel Jorge
Published at: 2026-01-10 15:00:03
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