La frontera de la esperanza, recta y arbitraria como las rayas en los mapas de los desiertos, la traza una cinta de plástico de la Policía Nacional que alguien anudó a una reja de la plaza de toros de Córdoba y, al otro lado, ... a un árbol. Aquellos esperan a que les entreguen los cadáveres de Pepi Sosa y su hija Ana, de 28 años, que volvían a su casa en Isla Cristina después de que la más joven se presentara a las oposiciones a funcionaria de prisiones. Solo los familiares de Agustín pueden entender por ellos mismos dónde está: allá, entre los hierros, junto al olivar y el arroyo del Coto, en Adamuz, sobre el que vuelan los palomos despreocupados en un cielo azul y soleado y junto al que se tumba una mastina perezosa, ajena a toda la muerte que se incrustó en el fondo del talud.
Author: (abc)
Published at: 2026-01-20 18:09:13
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