La Costa Rica del siglo XX fue el resultado de la suma de reformas de dos antagonistas: el presidente Calderón Guardia, socialcristiano, que creó el Código del Trabajo y la seguridad social, y el presidente Figueres, socialdemócrata, caudillo de la revolución democrática de 1948, que, en lugar de abolir esas conquistas, sumó a ellas la abolición del ejército y la nacionalización de la banca y los seguros. Y, desde entonces, el sagrado respeto al voto popular, la alternancia en el gobierno bajo un sistema bipartidista –compuesto por los herederos tanto de Calderón Guardia como de Figueres– y la no menos sagrada separación de poderes; más el gasto público concentrado en la educación y la salud, una clase media creciente, y una distribución más o menos equilibrada del ingreso, sin extrema pobreza, además de un alto índice de seguridad ciudadana. Dos semanas antes de las elecciones, llegó a Costa Rica para inaugurar, junto con el presidente Chaves, las obras de construcción de una cárcel, supuestamente similar al Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot), un penal para 40.000 prisioneros famoso en todo el mundo y objeto de turismo oficial guiado, que el propio mandatario tico visitó en diciembre pasado, en busca de inspiración.
Author: Sergio Ramírez
Published at: 2026-02-01 12:45:00
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