Es la “bienvenida” que uno recibe en el celular al llegar a Israel, país sumergido desde el sábado pasado en una nueva guerra de dimensión desconocida, que se va ampliando peligrosamente con el correr de las horas -alcanzó al Líbano y hasta a Chipre, miembro de la Unión Europea- y que muchos temen que degenere en una conflagración ya no regional, sino mundial. “Ni siquiera los médicos atienden… A menos de que se trate de una emergencia, hay que quedarse en casa y en todo caso envían recetas de medicamentos por mail”, dice Rocky, uno de los pocos taxistas que ha salido a trabajar, que habla resignado y que, como todos, está acostumbrado a vivir en un estado de guerra semi permanente. En medio del temor a lo que vendrá, de las sirenas constantes, de las alertas, de los nervios, de los padres que no saben cómo calmar a sus hijos, de las corridas al refugio, de las noches sin poder dormir, como ocurrió en junio pasado y a diferencia de lo que pasó con la guerra en Gaza, la opinión pública cierra sus filas alrededor del premier Benjamín Netanyahu.
Author: Elisabetta Piqué
Published at: 2026-03-02 20:14:10
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