Y del mismo modo que la foto de Capa es el emblema máximo de nuestra Guerra Civil, la foto que hace unos días se divulgó, con un grupo de gerifaltes impostando un gesto de 'pesadumbre de Estado' en un andén, mientras al fondo un tren descarrilado parecía retorcerse en la agonía, es el emblema máximo del Régimen del 78 en su fase terminal. Si llego a viejo y tengo la oportunidad de escribir un esperpento sobre los estertores del Régimen del 78, al estilo de lo que Valle hizo con la 'corte de los milagros' de Isabelona (no lo escribo todavía porque no quiero unas vacaciones a la sombra), pediré que ilustren la portada con esa fotografía impremeditadamente genial y demoledora, con algo de humorada macabra y algo de retablo de la farsa. Impresiona esa falange de luto riguroso y fotogenia ensayada, figurones de mirada clínica y ceños de consternación hueca, baronaje periférico de perfil moderado y dolor comedido, ministrillas chonis aupadas sobre zapatos de cuña (como aupadas sobre una vanidad de baratillo) y ministrones mohínos porque no podrán gargajear en 'tuiter' mientras dure el luto, más el picoleto colado de rondón, como un guiño lorquiano (tienen, por eso no lloran, de plomo las calaveras), todos bajo el cielo berroqueño de Adamuz, con la nube de Dios pesando sobre sus conciencias en blanco, mientras el tren malherido da las últimas boqueadas al fondo, embarazado de muerte, como el emblema de una España monda y lironda como un esqueleto, la España que a los miembros del grupo les ha servido de pitanza, dejándolos a todos orondos de consensos, ahítos de constituciones que les trepan a la boca como un reflujo gástrico, todos juntos y arracimados, en comunión de intereses y en silencio unánime, un silencio como de moho o verdín creciendo sobre un cadáver.
Author: (abc)
Published at: 2026-01-25 18:01:14
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