El Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre, firmado en 1967 por Estados Unidos, la URSS y gran parte de la comunidad internacional, tenía un objetivo que parecía casi filosófico: evitar que la ambición humana contaminara los cuerpos celestes. Justo esas zonas, las más prometedoras para responder la gran pregunta —¿hubo vida en Marte?—, quedaron fuera del alcance de cualquier misión que no cumpliera requisitos imposibles de esterilidad absoluta. El módulo Phoenix de la NASA, lanzado en 2007, llevaba consigo 26 especies de microorganismos capaces de resistir las técnicas tradicionales de desinfección.
Author: Martín Nicolás Parolari
Published at: 2026-02-01 16:45:29
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