Según La cicatriz, el magnate habría comprado terrenos que iban a ser expropiados poco antes de que se conociera el proyecto de las autovías y subieran de valor; habría suministrado áridos que salían en camiones de una cantera que gestionaba una de sus sociedades; habría mediado para que Fomento de Construcciones y Contratas obtuviera una de las licitaciones públicas; habría colocado a su hija Stella como consellera insular de Vies i Obres para que los trazados se acercaran –a un agroturismo– o no tocaran –una fábrica de zumos– negocios propios; o habría intentado aprovechar las toneladas de tierra extraídas de la trinchera excavada junto a Can Malalt para construir muy cerca de las discotecas que posee en Platja d’en Bossa un campo de golf de dieciocho hoyos. Un viejo anhelo de un hombre de negocios que llegó a ofrecer “cincuenta millones de pesetas a la primera persona que pueda aportar alguna prueba concluyente de la participación de cualquiera de las empresas Matutes con cualquiera de las empresas constructoras” de las autovías. Usted mismo puso en marcha de forma clandestina al PCE durante la dictadura, promovió una cooperativa que trató de evitar que la payesía desapareciera como oficio en la isla y fue concejal varias veces en el Ajuntament de Sant Josep de sa Talaia, donde se ensayaron esas confluencias amplias de izquierdas que en la actualidad resultan tan difíciles.
Author: Pablo Sierra del Sol, Marcelo Sastre
Published at: 2026-03-23 21:39:53
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