Los bajos de las casas se van llenando poco a poco de gente que acude a vestir o a ser vestida, llevando los trajes en perchas con nerviosismo y emoción, participando en un ritual que ha sobrevivido a los siglos y a la dictadura franquista. Con el retorno de los emigrantes gallegos tras la paulatina recuperación de derechos y libertades en los últimos años de Franco, el número de peliqueiros en Laza se multiplicó. Tras la vuelta de aquellos que se habían visto forzados a emigrar tras la guerra, el poder adquisitivo de los habitantes aumentó notablemente y los fondos de muchos de ellos fueron destinados, muchas veces antes que a ninguna otra cosa, a comprar uno o varios trajes para la familia, según relata Amado.
Author: Eila Rodríguez Filgueiras
Published at: 2026-02-16 20:02:12
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