Con esta frase, tomada del filólogo mallorquín Eduard Moyà, el cineasta Dani Cuesta resume cómo, bajo la postal luminosa que Balears ha exportado durante décadas, permanecen aún invisibles algunos de los capítulos más oscuros del siglo XX: colonias alemanas que encontraron refugio en las islas antes de que el resto de Europa comenzase a tambalearse, la implantación del nazismo en antiguos enclaves bohemios de Mallorca, la persecución de judíos, pacifistas y disidentes que creyeron haber encontrado cobijo seguro en el archipiélago, deportaciones a los campos de concentración y una posguerra en la que Balears, lejos de recuperar la calma, se convirtió en escenario de huidas y muertes sepultadas por el silencio. Pero antes de que los aviones de la Luftwaffe surcaran Balears y las islas se vieran abocadas a la represión y a la persecución ideológica, el archipiélago se erigió en lugar de acogida de intelectuales, comerciantes y familias alemanas que buscaban en el Mediterráneo una estabilidad que, tras la Primera Guerra Mundial, no lograron encontrar en su país. No en vano, el 31 de agosto de 1938, el Reichsführer de las SS y uno de los principales ideólogos del Holocausto, Heinrich Himmler, había firmado un acuerdo con el ministro de Orden Público de la España franquista, Severiano Martínez Anido, por el cual se establecía la extradición mutua de “delincuentes políticos” que fuesen detenidos en ambos países, así como el intercambio policial de información sobre todos ellos.
Author: Esther Ballesteros
Published at: 2025-12-28 20:32:42
Still want to read the full version? Full article