En su primer Viernes Santo, el Papa por la mañana habló por teléfono con el presidente de Israel, Isaac Herzog, a quien le habló de la necesidad de reabrir el diálogo diplomático para “una paz justa y duradera en todo Medio Oriente” y le subrayó la importancia de proteger a los civiles y promover el respeto del derecho internacional y humanitario. “Toda autoridad deberá responder ante Dios por el propio modo de ejercitar el poder recibido: el poder de juzgar, pero también el poder de comenzar una guerra o de terminarla; el poder de educar a la violencia o a la paz; el poder de alimentar el deseo de venganza o el de reconciliación; el poder de usar la economía para oprimir los pueblos o para liberarlos de la miseria; el poder de pisotear la dignidad humana o de tutelarla; el de promover y defender la vida o de rechazarla y suprimirla”, se oyó entre los viejos muros iluminados del anfiteatro Flavio, en una reflexión más que actual. El día anterior, en su primer Jueves Santo, hubo un regreso a la tradición en el Vaticano: en la ceremonia que recuerda la Última cena, en efecto, el Pontífice nacido en Chicago le lavó y besó los pies a doce sacerdotes en la Basílica de San Juan de Letrán, algo que no se hacía desde hace trece años.
Author: Elisabetta Piqué
Published at: 2026-04-03 22:05:07
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