Lo que nos han contado como una fatalidad histórica, como una maldición genética que arrastramos desde la pérdida de Al-Andalus o la herencia de una monarquía que unía territorios pero no ciudadanos, es, en realidad, un balance de resultados. Se privatiza la memoria para que cada familia guarde su rencor y no su derecho; se mantiene al Ejército o a la Justicia como reservas de orden simbólico para momentos de crisis; y se explota el conflicto territorial como una válvula de escape para no abordar una desigualdad estructural que aún huele a latifundio y a abandono rural. El “negocio de la herida” vive de que la cicatriz nunca termine de cerrar, porque donde hay convivencia real, hay control ciudadano; y donde hay control, se acaba el privilegio de los de siempre.
Author: José Luis Piqueras
Published at: 2026-01-07 18:14:03
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