En enero de 1928, en el viejo aeropuerto de la Sabana, él presenció el aterrizaje de El Espíritu de San Luis, con Charles Lindbergh al mando. El asombro del abuelo en el 28 se parecía mucho al mío, el de los setenta, sobre todo cuando lo oí contar –yo aún un niño– que fue soldado, lo mandaron al combate, vio revolotear cerca la mariposa disecada de la muerte y padeció la prisión en Panamá. Imaginaba al abuelo de panza en el piso de la lancha con los ojos clavados en la orilla, valiente y listo para defenderse, para defender su vida en medio de la fría soledad del peligro.
Author: Ovidio Muñoz Corrales
Published at: 2026-02-08 14:00:00
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