Llegar hasta él fue una suma de esa presión diplomática, de enfado del propio presidente de EEUU, Donald Trump, con Netanyahu (no quería seguir enredado más en un conflicto que no le gusta ni le renta, que le hace perder tiempo y le complica sus propios negocios en Oriente Medio), de escozor en la opinión pública mundial (especialmente sensible tras las imágenes de niños muertos de hambre y reclamando cada vez más a sus Gobiernos, incluso en los tribunales, por complicidad) y de cesiones, de Hamás y de Netanyahu, muy debilitados ambos. Según la OCHA, la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios, aunque la frecuencia con la que los gazatíes comen ha mejorado en la mayoría de los hogares, "el consumo de alimentos sigue estando muy por debajo de los niveles anteriores al conflicto", y la dieta se basa principalmente en cereales, legumbres y cantidades moderadas de lácteos y aceite, con un acceso muy limitado a alimentos nutritivos como la carne, las verduras y las frutas. Aún está en proceso la denuncia de Sudáfrica en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) por este supuesto delito, además de la orden de arresto internacional contra el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, y su entonces ministro de Defensa, Yoav Gallant, por supuestos delitos de crímenes contra la humanidad y de guerra, cursada por la Corte Penal Internacional (CPI), sin que haya sido ejecutada aún por países amigos visitados por el dirigente, como EEUU o Hungría.
Author: Carmen Rengel
Published at: 2025-12-29 19:59:19
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