Durante más de 1500 años, los mercaderes que recorrían la Ruta de la Seda se atrevían con océanos, montañas y junglas, se atrevían con caminatas interminables, con los señores de la guerra, con el hambre y dolor y el frío; con alguna de las epidemias más destructivas de la Historia; pero no se atrevían con el Taklamakán. Aquel infierno de arena (cuyo nombre viene de la palabra ugiur para "abandonar, dejar solo, dejar atrás") no solo es el segundo desierto de dunas más grande del mundo, sino que se movía, invadía y devoraba todo lo que estaba a su alrededor. En un mundo donde la acuicultura ya supera la pesca extractiva en volumen, la pregunta interesante no esa esa: la pregunta es si el modelo es escalable sin agravar tensiones por el agua en una región hiperárida y dependiente del deshielo.
Author: Javier Jiménez
Published at: 2026-01-25 16:01:27
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