Mi hijo, al que también educamos en ese agradecimiento y buenas maneras, sabe diferenciar con apenas diecinueve años a un buen directivo de uno pésimo.Y claro que no se trata de aquella expresión que Oscar Wilde puso en boca de uno de sus personajes: Manners before morals (maneras antes que morales) y que apuntaba a la hipocresía de las clases altas. Y no por mero goce a las palabras, que pudiera ser, sino porque también hay directivos que saben que no es lo mismo decir una cosa que otra, que no es lo mismo que los emails en el ámbito laboral tengan prosa –no siempre se tiene el cuerpo pa prosa, es verdad–, que las misivas tengan una nervadura sólida. Es decepcionante que a estas alturas de la película una prefiera un directivo que sepa sentarse a la mesa, pedir que le pasen la sal con un por favor y un gracias, y que sepa masticar con la boca cerrada en lugar de un comensal que dé una charla magistral sobre el estado de la nación pero se muestre incapaz de musitar un buenos días.
Author: Xenia García
Published at: 2026-02-04 20:00:24
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