Las palabras y cosmovisión del político decimonónico están de sorprendente actualidad con las riendas de Estados Unidos en manos de Donald Trump, un presidente nacionalista, con pocos e inexactos conocimientos históricos, profundas filias y fobias y, sobre todo, una visión de suma cero de la política exterior, una que hereda algunos elementos de otro legendario británico, Lord Palmerstone, quien unas décadas antes había resumido así su filosofía: «Afirmo que es una política miope suponer que este o aquel país deba ser considerado el aliado eterno o el enemigo perpetuo de Inglaterra. «Los problemas más importantes a los que se enfrenta Europa incluyen las actividades de la UE y otros organismos transnacionales que socavan la libertad y la soberanía políticas, las políticas migratorias que están transformando el continente y creando conflictos, la censura de la libertad de expresióny la supresión de la oposición política, la caída en picado de las tasas de natalidad y la pérdida de identidades nacionales y de confianza en sí mismas», recalca el documento. (...) Es evidente que Trump ve a las democracias liberales europeas no como socios, sino como adversarios en un conflicto de civilizaciones», avisaba en agosto Chris Hermann, del European Council of Foreign Relations, en un ensayo sobre cómo el ataque de Trump a la democracia europea se articulaba en torno a «dos ejes que se refuerzan mutuamente, pero son distintos»: «El primero es la apropiación por parte de su administración de la Antigüedad Clásica, en particular, del Imperio Romano, para redefinir Occidente como una civilización basada en el poder, la disciplina y la jerarquía.
Author: Pablo R. Suanzes
Published at: 2025-12-27 21:57:13
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