Siempre me ha parecido aterrador imaginar el momento en el que unos pocos militares y políticos debaten cómo llamar a una guerra que matará a miles de personas. En realidad, nunca hay una única razón o un único factor que explique por qué ha comenzado una guerra, de modo que la propaganda trata de hacer asequible y asumible lo que para el ciudadano medio es casi siempre un puzle confuso: ¿por qué entretenernos con intereses geopolíticos y lucha por los recursos naturales cuando una guerra puede justificarse en virtud de un sentido común compartido? Aquí no importa la coherencia —hay muchos países aliados que tienen estándares mucho peores; de hecho, solo el 30% de la población mundial vive bajo democracias formales— sino el proceso “digestivo”: conseguir que la gente trague con algo claramente difícil de metabolizar.
Author: Alberto Garzón Espinosa
Published at: 2026-03-04 22:16:28
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