Ni a un capote atendía, encelado con el hombre de blanco, que fue operado de una cornada de veinte centímetros en la pierna derecha que contunde la arteria tibial, con destrozos en la musculatura. A Pitillito, por el tercio de varas –hasta cuatro puyazos, aunque en el segundo saliera de najas y el tercero fuese en el caballo que guarda puerta–, con una sonora ovación para Collado. El mexicano, que conoce ya los hachazos de caldera e infierno (en el hemitórax izquierdo), no lo vio claro en el tercero –de cero estilo– y tiró de arrojo en el quinto.
Author: (abc)
Published at: 2026-03-29 20:22:46
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