Quedó demostrado en Sevilla: noventa años después de la Guerra Civil, una parte de la intelectualidad sigue apuntalando, por acción u omisión, esa creencia simplista y falsaria de que lo único moralmente legítimo aquí es ser de izquierdas, obviando el valor medular de toda sociedad democrática que es el pluralismo político. Si no tanto como para mantener programadas unas jornadas culturales, que presumen de plurales, pese a intimidaciones y presiones de una izquierda desilustrada (tampoco podemos andar exigiendo heroicidades a quien prefiere la confortabilidad de no jugarse las lentejas), al menos sí para no universalizar responsabilidades con argumentos espurios y reduccionistas en nombre de una equidistancia mal entendida (equidistancia no es ecuanimidad) o, peor, proteger con ello el negociado (moral o monetario). Una mínima determinación para no temer el decir, alto y claro, que es la izquierda revanchista la que ha negado el diálogo y levantado muros y que, la derecha, aquí solo ha sido víctima de esas pulsiones totalitarias y de la cobardía de los organizadores.
Author: (abc)
Published at: 2026-01-31 17:56:19
Still want to read the full version? Full article