No sé si el clasismo repugnante que desprenden estos comentarios da más asco que vergüenza o más vergüenza que asco. Insultar a Irene Montero se ha convertido en una especie de pasatiempo nacional, una variante del dominó practicada por cuñados de toda índole que plantan su exabrupto en el bar o en las redes con la misma energía con que se planta el seis doble en la mesa. Se insulta a Irene Montero, se toma uno el carajillo, suelta un eructo y adelante.
Author: Delay
Published at: 2026-02-07 16:58:19
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