Olivier, Olivier (1992) fue su siguiente proyecto tras el pelotazo logrado con su obra magna, y se alza como una de sus películas más complejas y raras, no solo por el hecho de ser su única incursión (en el largometraje destinado a exhibirse en teatros) en el cine puramente francés, sino que igualmente, en mi opinión, fue uno de sus últimos productos puramente de autor, ya que posteriormente la polaca decidió asentarse en el Reino Unido y en los EEUU, siendo este punto un cambio importante en la deriva que tuvo su cine, virando éste hacia terrenos más comerciales y convencionales. La primera, de un entorno claustrofóbico que evoca a la mexicana El castillo de la pureza, filmada casi en el escenario único de las cuatro paredes de la residencia campestre familiar, y que desprende un aroma asfixiante y de desasosiego, plasmando el ‹shock› que el aislamiento y las rutinas familiares provocan en la psique de unos personajes atrapados en una especie de cárcel perfecta para hacer explotar el desconsuelo vital que ello implica. De formas minimalistas, de esas que prefieren pasar desapercibidas a exhibir sus atributos de forma histriónica, rubricada con unos trazos refinados y con un perfil psicológico que explora las consecuencias de la elegía y la culpa, así como la perversidad que encierran las falsas expectativas, Olivier, Olivier se eleva como una película más que interesante, sorprendentemente oculta para el gran público, que sin duda es merecedora de su fama de propuesta turbadora y arriesgada, demostrando que Holland es una artista de una sensibilidad suprema que, desgraciadamente, no siempre ha sido explotada en su trayectoria.
Author: Rubén Redondo
Published at: 2026-02-01 17:23:01
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