Impulsado principalmente por el embajador mexicano Alfonso García Robles, Premio Nobel de la Paz, un día como hoy, pero de 1967, se rubricó en Ciudad de México el emblemático Tratado para la Proscripción de Armas Nucleares en la América Latina y el Caribe, hito de la política internacional mexicana para desnuclearizar a la región.Así, los estados firmantes se comprometieron a no desarrollar, adquirir, fabricar, emplear o probar armas nucleares, aunque pueden utilizar energía nuclear con fines pacíficos.Tal como narra la internacionalista Esperanza Alma Violeta Blanco García, la histórica fecha se remonta a 1962, en plena Guerra Fría, cuando, a raíz de los acontecimientos surgidos por la denominada crisis de octubre —que tuvo lugar entre el 14 y el 28 de octubre de ese año en Cuba—, el entonces presidente de México, Adolfo López Mateos, presentó una estrategia para erradicar la amenaza nuclear en América Latina.Con ese ímpetu, en marzo del año siguiente, el mandatario escribió a sus pares de Bolivia, Brasil, Chile y Ecuador, a quienes invitó a formular una declaración conjunta en la que se expresara la voluntad de la región de comprometerse con esta causa.La iniciativa de López Mateos fue bien recibida por sus homólogos, por lo que, el 29 de abril de 1963, los jefes de Estado publicaron un documento en el que anunciaron su disposición de firmar un acuerdo multilateral latinoamericano para comprometerse a la proscripción de armas nucleares o artefactos de lanzamiento nuclear.La declaración se presentó oficialmente en Ginebra, Suiza, el 6 de mayo de ese año, en voz de los representantes de México y Brasil.Mientras que, a principios de octubre, el canciller Alfonso García Robles elaboró un anteproyecto de resolución que, posteriormente, fue presentado a la Primera Comisión de la Asamblea por 11 delegaciones latinoamericanas: México, Brasil, Colombia, Costa Rica, Chile, Ecuador, El Salvador, Haití, Honduras, Panamá y Uruguay.Dicho proyecto fue examinado a lo largo de ocho sesiones, que sucedieron entre el 11 y el 19 de noviembre y, una semana después, se aprobó en el Plenario de la Asamblea General de la ONU bajo la denominada resolución 1911 (XVIII), que sentó las bases del Tratado de Tlatelolco.A partir de entonces, la cancillería mexicana emprendió sendas consultas diplomáticas para convocar a una conferencia de negociación y, durante los siguientes nueve años, García Robles realizó 26 participaciones en la Asamblea General de las Naciones Unidas relativas a la materia.Desarme internacional"Es una de las grandes aportaciones de México al desarme internacional. Se firmó en Tlatelolco, pero llevó toda una serie de negociaciones, de más de cuatro años [en foros multilaterales]", relata en diálogo con Sputnik la doctora Sandra Kanety Zavaleta Hernández, experta en seguridad internacional y seguridad militar.Además de la constitución de la zona libre de armas nucleares (ZLAN) de América Latina, el acuerdo inspiró la creación de otras zonas libres de este armamento: "Gracias al Tratado de Tlatelolco se gestaron una serie de [acuerdos] de desarme, de constitución de zonas libres de armas nucleares en prácticamente todo el mundo", destaca la experta.Con ella coincide el doctor José Francisco Mejía Flores, adscrito al Centro de Investigaciones sobre América y el Caribe (CIALC) de la UNAM, para quien la firma del Tratado de Tlatelolco es "un aspecto muy relevante de la historia geopolítica y diplomática de América Latina y el Caribe".Por consiguiente, "constituye, sin duda alguna, no solamente un logro para México, sino también para la diplomacia latinoamericana, porque este tratado tiene una vocación estrictamente latinoamericana", continúa.Críticas al tratadoZavaleta Hernández remarca que la relevancia y aportaciones del tratado es incuestionable en la actualidad. "América Latina, sobre todo en la coyuntura actual y en esta reconfiguración de hegemonías, con el avance de China, con el reposicionamiento de Rusia, con la decadencia hegemónica que está manifestando Estados Unidos, también es una zona de ebullición", ahonda.Paradoja y límites del tratadoAnte las limitaciones del instrumento, la analista observa que "hay una paradoja interesante alrededor del Tratado de Tlatelolco, pero también de cualquier otro de todos los que hay".Por un lado, dice, la ratificación del instrumento por parte de los Estados parte "demuestra un consenso político entre los gobiernos latinoamericanos de mantener a América Latina como zona libre de armas nucleares, lo que apunta ya a cierta autonomía o soberanía respecto al armamento nuclear".Pero, por el otro, "el entorno internacional muestra una erosión en el control de armamentos: todos los arsenales nucleares se han modernizado", añade y explica que, "si antes se medía la fuerza de una bomba nuclear en kilotones, hoy es en megatones".A estas variables, Zavaleta Hernández suma que las potencias nucleares, aunque son muy pocas, tienen un armamento inigualable en cantidad, lo que representa un mecanismo de poder y coerción muy importante en el que se apoyan dichos países para disputarse el poder en las relaciones internacionales y garantizar sus intereses.La especialista refiere también que, en la actualidad, la sociedad internacional tiene que lidiar con tecnología de punta, el auge de la inteligencia artificial y armas hipersónicas que, "para cuando se firmó el tratado en 1967, ni siquiera se podía imaginar que las armas iban a ser tan sofisticadas".
Author: Karen Fabián
Published at: 2026-02-14 19:30:00
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